La tierra, nuestra casa en común, sostiene la humanidad. Con trabajo, conocimiento, técnica y tecnología, los agricultores del mundo y los ganaderos han logrado domarla.

Es ese esfuerzo individual y al mismo tiempo colectivo de la sociedad, lo que ha hecho posible trabajar los campos, en un trabajo anual (regido por el calendario y la climatología) y que no debe ni puede, parar nunca.

Los conocimientos y técnicas de las más fructíferas revoluciones como las agrícolas y ganaderas han mejorado la calidad de vida de todos para siempre, eliminando los males atávicos del hambre y la guerra por los recursos básicos y la supervivencia y son las raíces que alimentan a la sociedad del presente y el futuro.

Hoy, desde la opulencia alimentaria, es que nos planteemos mejorar las técnicas agrícolas, hacerlas más sanas e inocuas para nuestro planeta, más ecológicas. Ojalá que sigamos progresando en esa dirección y sea viable hacerlo, sin que signifique que a nadie le falte el que llevarse al plato.

Rompo así mil lanzas por los agricultores y ganaderos que tenemos en España. Por su esfuerzo, por su productividad, por el cariño y profesionalidad que ponen cada año en su cosechas y productos. Son profesiones en su mayoría heredadas, y en cada generación van quedando -hay veces que hipotecando todo su patrimonio- aquellos que más cariño le tienen a la tierra.

Los trabajos y profesiones basados en el orgullo, sentido de la pertenencia, herencia y valores, son trabajos que trascienden lo económico, y suelen estar muy ligados a la tierra donde se desarrollan. Es la confianza y servicio, tratos incluso que se pasan de generación en generación, que nos permite quedarnos con lo mejor de la tradición y el cambio.

Es un orgullo, pertenecer al sector de los almacenistas de cereal; comercio básico de primera necesidad. Proveemos, servimos, financiamos, almacenamos los productos y somos nexo de unión entre las dos profesiones a las que más les debemos: agricultores y ganaderos. Compartimos sus mismos valores: las mismas raíces muchas veces familiares, el mismo esfuerzo, cercanía y entrega que nos permite comerciar.

No sé qué nos deparará el futuro post COVID. No sé cómo quedarán de trastocadas las finanzas públicas y privadas. Lo que no tengo duda es que mientras que los agricultores y ganaderos provean y se puedan distribuir los productos, tendremos que estar agradecidos a quienes dan todo porque así sea.

Juan Ortiz de Urbina García-Conde

Director General LESA